miércoles, 7 de marzo de 2012

El Destino Manifiesto y la Cosmovisión de Estados Unidos

Son, en verdad, las dos caras de una misma moneda. La primera es como Estados Unidos ve y interpreta su propia realidad y la segunda, como ve y interpreta la realidad del mundo que le rodea. 
Mientras en Asia, ingleses y rusos se enfrascaban en su Gran Juego en el Siglo 19, allá en el Hemisferio Occidental, al otro lado del globo terráqueo, otro imperio en ciernes comenzaba a desperezarse a orillas del Atlántico, y a preguntarse cuál sería su destino. 
Manifiestamente, entonces, el destino de la nueva, pujante y gallarda y excepcional vencedora del Imperio Británico, estaba a Poniente. Las barreras entre ella y el Pacífico eran fácilmente franqueables y, al otro lado de ese mar, ¿quién sabe que grandezas le esperaban a tan excepcional nación?
Lo cierto es que, casi desde sus comienzos, los estadounidenses han creído que el destino les tiene deparado grandes cosas por su misma naturaleza. En efecto, sus portavoces han hecho declaraciones que revelan su convencimiento de que el destino le depara a la nación un Destino Manifiesto. Vamos pues a explorar lo un poco lo que han postulado, y quien lo ha postulado.
Empecemos por el primer Presidente, el General Jorge Washington, padre de la patria. En carta del 19 de septiembre de 1796, a los miembros del Congreso,  anunciando su decisión de no postularse para un tercer término, dedicó varios párrafos a las relaciones que debían prevalecer con las otras naciones del el mundo. De esos párrafos ha llamado la atención de los analistas políticos aquellos en que abogaba por una postura de no inmiscuirse en asuntos foráneos, esto es, en aquellos que fueran de la incumbencia de otros estados (lo que, a mi juicio, no es, como se alega ¨no intervencionismo¨ sino que obedece a su visión de que la suya era una nación excepcional). Ese concepto lo plasma en el párrafo que abre el tema de la relación entre naciones, que me permito traducir:
¨Observad buena fe y justicia con toda nación; cultivad paz y armonía con todos. La religión y la moral exigen tal comportamiento; pudiera ser que también lo exija una prudente política. Será digna de una libre, esclarecida, y en un porvenir no distante, gran nación, darle a la humanidad el magnánimo y muy novel ejemplo de un pueblo regido siempre por el más alto sentido de justicia y benevolencia. ¿Quién puede dudar que, con el pasar del tiempo y los hechos, los frutos de tal designio recompensen con creces cualesquiera ventajas pudieren perderse por nuestro apego a tal proceder? ¿Será posible que la Divina Providencia no haya vinculado el indisoluble bienestar de una nación con su honestidad? Que cuando menos se ensaye, es lo que reclama toda pasión que enaltece la naturaleza humana. ¿Será, ¡ay!, que sus vicios lo impiden?¨
Ciento sesenta y cinco años más tarde, el 17 de enero de 1967, al anunciar su decisión de tampoco postularse para un tercer término presidencial, otro General, Dwight Eisenhower, salvador de supatria en la 2ª Guerra Mundial, lanzó a los estadounidenses una advertencia, que también traduzco. 
¨En los concilios del gobierno, debemos cuidar de que el complejo industrial-militar no adquiera, búsquelo o no, una indebida influencia . El potencial para un mal ubicado y desastroso aumento de su poder existe y seguirá existiendo. Nunca debemos permitir que el peso de esa combinación ponga en peligro ni nuestras libertades ni proceder democrático. No debemos dar nada por sentado. Solo una ciudadanía alerta e informada puede asegurar el adecuado engranaje de las inmensas maquinarias industrial y militar creadas para nuestra defensa con nuestras metas y proceder democrático a los fines de que seguridad y libertad prosperen juntos.¨
Ambos consejos, sabios como fueran, pasaron desatendidos. Cosmovisión y Destino Manifiesto se fundieron en una sola. (Sigue como Estados Unidos Hegemón)      

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