La segunda novedad del 1945: ¡Dos nenes cambiaron para siempre la conexión entre guerra y paz!
Sí leíste bien. Dije dos nenes. Visitaron Japón en agosto de ese año. Uno, al que apodaron ¨Nenito¨ pasó por Hiroshima; el otro, ¨el Gordo¨ estuvo en Nagasaki, dejaron por siempre un mismo recuerdo: que eso fue lo único que dejaron de esas ciudades...¡el recuerdo!
Pecaría de iluso si no creyera que sus visitas no tuvieron algo que ver con la celeridad con que la rendición del Imperio japonés puso fin a la 2ª guerra mundial e incidentalmente con que la Unión Soviética le declarara guerra a Japón. Las fechas, todas en agosto, son reveladoras: el 6 ¨Nenito¨ pasó por Hiroshima; el 8, URSS declaró guerra; el 9 ¨Gordo¨ fue a Nagasaki; el 14, Japón se rindió. Nótese que la declaración de guerra por la URSS tenía, obviamente, el propósito de asegurar su participación en la repartición del botín. Después de todo, esa era la milenaria tradición europea como cuestión entre caballeros. En muchos sentidos, el ballet diplomático entre Japón y la URSS es una clase en maquiavelismo geopolítico de ambas partes. Recuerden que la URSS era, en vida, el único país europeo que tiene fronteras terrestres con Japón y frontera marítima con Estados Unidos en el Estrecho de Bering.
Esa misma frontera separa a la Federación Rusa del Japón y es objeto de disputa: las Islas Kuriles Meridionales (según los rusos) o el Territorio Septentrional (según los japoneses) en esa cadena que se extiende desde la península de Kamchatka en Rusia hasta la Isla de Hokkaido en Japón. Debido a esa disputa los dos países aún no han concluido la paz. Diplomáticamente hablando, entre ellos todavia existe un estado de guerra.
Eso me lleva de regreso al cambio habido en el acto de guerra mismo que causaron los dos nenes atómicos.
(Sigue)
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